No importa dónde,
ni cuándo ni cómo,
casi ni siquiera el porqué.
Morir es demasiado importante
para buscar cualquier solución.
Morir es un instante
fuera de toda condición.
Cualquier cuándo es el mejor,
cualquier dónde bastante,
cualquier cómo es válida razón.
Morir es encontrarse,
es una cita a la que no se llega tarde
ni se olvida de algo ni de lugar,
con tenerse a sí mismo es bastante,
lo único importante
es ser y estar
allí todo entero
y vivir el minuto certero,
el definitivo: sí, quiero,
y, que Dios, el mejor alfarero,
termine su obra,
sople su hálito al barro
y termine, este su cacharro,
en imagen de su Ser
para que sea al morir,
un nuevo amanecer,
¿Morir? Sí,
pero en tus manos, Señor,
solo en tus manos
y conmigo todos mis hermanos.
Quiero: vivir para morir
y morir para nacer.